Testimonios

Un extranjero en Buenos Aires

Marian Gómez de la Cruz

Chef mexicana

Eligió quedarse en la Ciudad de las sensaciones

La recibió una nevada. Después descubrió el verde de la primavera y se enamoró de todo lo que le genera Buenos Aires.

¿Por qué Argentina? Porque así tenía que ser. La realidad es que no lo busqué, solo lo encontré. Hace ya cinco años que Buenos Aires ¡me recibió con una nevada! Empecé estudiando arquitectura en México y dos años después decidí que aunque disfruto de diseñar, no eran precisamente espacios lo que quería crear. Ese fue el justo momento en el que se cruzó por mi vida un anuncio de una escuela de gastronomía que decía que podía estudiar en Argentina una carrera acelerada. Mi madre me alentó a cruzar horizontes y finalmente viajé a esta maravillosa ciudad. No solo estudié en la escuela que me trajo en un principio, sino que decidí hacer un título oficial en Ott College, donde actualmente me dedico a la docencia. A la par, cuando tengo el tiempo y la posibilidad hago eventos de cocina mexicana y otras veces hago Food Styling.

Llegué con un poco de desconfianza. Me hablaban de la inseguridad, de lo malo que era el transporte público, del acelere de la gente... Decían también que los argentinos son muy ventajeros. Conforme el tiempo fue pasando, fui descartando cada una de esas teorías. Si queremos quejarnos, vamos a encontrar un motivo siempre. Si por ejemplo comparo el transporte público o el tráfico de acá con el del DF, mi ciudad natal, podemos decir que esto es sencillamente un paraíso. Pero ese no es el punto, la realidad es que he aprendido que las ciudades las hacemos nosotros y si ni siquiera somos capaces de levantar nuestra propia basura, ¿qué autoridad tenemos para quejarnos de los que no es óptimo? Si hay algo que no me gusta de Buenos Aires, es escuchar a la gente quejarse todo el tiempo de lo mal que está todo. Hay momentos en los que pienso que tienen toda la razón y otros tantos en los que me doy cuenta que, por sobre todas esas cosas, sigo eligiendo quedarme.

Estando acá, me enamoré de cada sensación que Buenos Aires me generaba. Una de las cosas que más disfruto es poder caminar un par de cuadras hacia cualquier punto cardinal que elija, encontrarme con una plaza, como las hay tantas por acá, y tener un lugar para descansar la vista mirando el color verde de la primavera o ese degradé de tonalidades que va del rojo al amarillo en el otoño. Mi casa en México está llena de naturaleza, es por eso que en los días que más extraño, camino hasta llegar a algún lugar que logre reconfortarme.

Al final de mi primer año, conocí a un porteño que me acompaño a despedirme de esta linda Ciudad. Regresaba a México para no volver, por lo menos no a vivir. Quería imágenes de varios lugares que no había tenido la oportunidad de fotografiar. Las mismas fotos que, estando lejos, contribuyeron en gran parte a mi decisión de volver. Quería tomarlas otra vez, porque el cielo había salido gris y era un buen pretexto, así que volví y me reencontré con "Mi negro", con quien actualmente vivo en un departamento en Belgrano a unas cuadras del Barrio Chino. ¡No hay nada más que una gastronómica extranjera pueda pedir en esta ciudad! Cuando se me antoja comer algo que me recuerde a mi país basta con ir a alguno de los supermercados y seguro algo encuentras para saciar los antojos. Y ni hablar del resto de productos que puedes encontrar independientemente de lo que uno quiera comer.

Salgo mucho a cenar, trato siempre de ir a algún restó que no conozca. La variedad de ofertas, tanto de comidas locales como étnicas, es tan amplia que no puedes no repetir lugar por largo tiempo.

Me encanta pasear los fines de semana por lugares en los que hay ferias. Siempre me alegro de ver que año tras año es algo que se preserva en Buenos Aires, porque forma parte de la identidad de un lugar. Siempre que viajo trato de encontrar lugares en los que vendan artesanías y en general encuentro cosas que tienen que ver con costumbres ancestrales. Como por ejemplo ropa hecha en telares. O también figuras de barro. Pero en Buenos Aires no sólo encuentras eso, también hay una gran variedad de diseños y técnicas para hacer cosas útiles. Es como si fuera una parte que además de preservarse ha evolucionado. Un sitio así es Plaza Francia, que siempre me sorprende.

Sus elegidos:

Un lugar: Los Bosques de Palermo.
Un paseo: Plaza Francia y sus alrededores.
Un restaurante: Primum, cocina de autor en San Isidro.

Fuente: Diario Clarín